El networking cambió: de sumar contactos a construir vínculos
- Estudio CKS
- 2 feb
- 2 Min. de lectura
Actualizado: hace 1 día

Durante mucho tiempo, el networking se entendió como una suma de contactos.
Agregar personas, intercambiar tarjetas, conectar en redes. Cuanto más amplio el círculo, mejor. Hoy, en un escenario de sobreexposición digital y vínculos efímeros, esa lógica empieza a mostrar sus límites.
Estamos más conectados que nunca, pero no necesariamente más vinculados. Y esa diferencia importa.
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El networking cambió, aunque usemos la misma palabra
Las plataformas digitales facilitaron el contacto, pero también lo diluyeron.
Mensajes rápidos, agendas saturadas, eventos virtuales en cadena. El resultado es conocido: muchas conexiones, poco contexto.

Aparece entonces un cierto cansancio:
Sumar contactos que no se traducen en conversaciones reales.
Intercambios sin continuidad.
Vínculos que no llegan a consolidarse.
No es una crisis del networking.
Es una señal de que el modelo necesita repensarse.
Porque estar conectados no es lo mismo que estar vinculados.
El valor del contexto: por qué no todas las conexiones pesan igual
Las relaciones que perduran no suelen surgir del azar. Surgen cuando hay un marco común: una experiencia compartida, una conversación con tiempo, un interés genuino del otro lado.
El contexto genera confianza.
La experiencia compartida acelera los vínculos.
La conversación con sentido reemplaza al intercambio automático.
Por qué los encuentros presenciales vuelven a ser centrales

En este nuevo escenario, los encuentros presenciales recuperan protagonismo. No por nostalgia, sino por profundidad.
El tiempo compartido sin pantallas de por medio, la atención plena, la posibilidad de leer gestos, silencios y matices vuelven a tener valor. Pero no alcanza con “volver a lo presencial”.
Lo que marca la diferencia es la intención:
espacios que invitan a conversar
momentos diseñados para el intercambio
experiencias que generan un clima común
No se trata solo de asistir, sino de participar.
Y ahí es donde el networking deja de ser casual para volverse significativo.
El networking no termina cuando el evento termina
Otra idea que gana fuerza es la continuidad. Las conexiones más valiosas rara vez se agotan en un encuentro puntual.
Plataformas que permiten seguir en contacto, contenidos que prolongan la conversación, comunidades activas que mantienen vivo el vínculo y acciones de seguimiento que no dependen de la memoria individual, sino de un sistema pensado para sostener relaciones.
Cuando el networking se diseña con continuidad, deja de ser un momento aislado y se convierte en un proceso.
Diseñar conexiones, no dejarlas al azar
Hoy, el verdadero diferencial no está en cuántas personas se conectan, sino en cómo se generan y se cuidan esas conexiones.
Pensar el networking como experiencia implica asumir que también se diseña:
Se diseña el contexto,
se diseña el recorrido,
se diseña la forma en que el vínculo puede crecer en el tiempo.
En un mundo donde todo parece conexión, el valor está en crear relaciones con sentido, profundidad y proyección. Ahí es donde el networking deja de ser una acción más y se transforma en un activo real.




